Leonora Carrington

Por: Fabiola Eme

Contemplar cualquiera de las pinturas de Leonora Carrington es como entrar en un cuento de alquimistas. A Leonora uno se acerca a través de los extraños mundos que creó en cada uno de sus cuadros, también a través de sus relatos fantásticos, antropomórficos y surrealistas, con personajes imaginarios y otros que no lo son tanto. En su obra, Leonora nos muestra sus fantasías, sus miedos, su locura bien-lúcida; un ingrediente indispensable para gestar a la artista que desde niña creyó ser un caballo y más tarde la novia del viento.

LEONORA CARRINGTON, THE LOST SURREALIST_2_preview

Self-portrait (The Inn of the Dawn Horse) - Leonora Carrington - MET this

Autorretrato

PORTADA (2)

Le gran adieu.

 

Este 2017 se cumplieron cien años de su mágico nacimiento y, si bien en vida gozó de cierto reconocimiento por su obra pictórica y más tarde por su escultura, no ha sido sino después de su muerte en el 2011, que el mundo comenzó a interesarse verdaderamente en ella. En ella y en su obra, evidentemente. Había muerto la última de las surrealistas, el arte estaba de luto. Recuerdo haber buscado fotografías para ilustrar la vida de Leonora para otro artículo , en abril de aquel mismo año justo después de su muerte a los 94 años, y fuera de las fotografías de sus cuatros y esculturas, sólo habia tres o cuatro de ella en internet, entre las cuales, la que finalmente utilicé: una fotografía de perfil en su taller de la Ciudad de México, por allí del año 59.

Luego vino el libro de Elena Poniatowska y nos contó la tórrida historia de amor de Leonora con Max Ernst, cómo vivieron bohemiamente en un pueblito del sur de Francia, como ella enloqueció cuando a él lo llevaron a un campo de concentración, cómo Peggy Guggenheim ayudó a muchos artistas perseguidos por los nazis y entre ellos a Max, cómo él le agradeció esa ayuda quedándose con ella y cómo, más tarde, escaparon todos de la guerra hacia el continete americano.

Después de aquel libro busqué durante meses los de Leonora, los que había escrito ella más como un receptáculo para verter su desbordante imaginación que porque le interesara ser reconocida como escritora. Solamente en París logré encontrar, a través de un buen amigo, una edición antigua de The Hearing Trompet. En México, sin embargo, el país en donde Leonora se refugió tras escapar de un manicomio en Salamanca, comenzaron a editarse los libros que había escrito y muchos más sobre ella, particularmente a partir de la exposición sobre mujeres surrealistas que montó el Museo de Arte Contemporáneo y que por primera vez exploró el legado del Surrealismo en México y en Estados Unidos, reuniendo a sus principales exponentes, tales como Dorothea Tanning, Lee Miller, Frida Kahlo, Remedios Varo y por supuesto, Leonora Carrington.

finiright

bee07ce270f19b971b1e50fd59743b54

Más tarde, vi el documental dirigido por el periodista Javier Martín Domínguez: El Juego Surrealista, presentado por él mismo en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, que sobre todo nos deja ver la brillante mente de una artista un poquito excéntrica y con un humor muy inglés, sutil pero cáustico, mezclando acento británico y mexicano en partes iguales y entreabriendo la puerta para dejar que nos asomemos a su mundo que es como un torbellino oscuro pero con intensas luces salteadas de colores muy atrayentes.

Siempre he pensado que para acercarnos de verdad a la obra de un artista no basta con mirar sus cuadros y saber qué técnicas empleaba, o clasificar sus textos en una categoría o saber a qué corriente pertenecía; pienso que sobre todo, hay que conocerlos a ellos, saber cómo fueron sus vidas, qué amor o desilusión detonó su fuerza creativa, cuáles son sus obsesiones y sus más sórdidas miserias. Sólo así conectaremos de verdad con lo que quieren decirnos en sus cuadros, en su escultura o en su poesía.

Por eso no basta con saber que Remedios Varo era una virtuosa del dibujo o que Leonora Carrington creó más de 70 cuadros y 50 esculturas, algunas de ellas monumentales; la asimilación de su obra se entiende mucho mejor cuándo conoces los fuertes lazos de amistad que existían entre ellas, la complicidad que les unía más allá de la coincidencia de exiliarse en el mismo país y que ambas proyectaron en sus cuadros las enseñanzas de los misticos rusos Gurddieff y Ouspensky. Quizá los cuentos de Leonora nos transmiten más si sabemos que los escribía para leérselos a sus hjos, o que Memorias de Abajo relata su experiencia en aquel psiquiátrico de España, en donde le administraron inyecciones y medicamentos equivalentes a electroshocks y fue tratada como una demente sin remedio.

Ahora tenemos una nueva oportunidad para ampliar esa conexión con la mujer-artista, conocer un poco más sobre una de esas vidas extraordinarias que nos inspiran y saber de dónde surgió la pulsión para crear unas historias visuales únicas, absolutamente simbólicas y complejas, con un nuevo documental que se proyectará este viernes 1 de diciembre en el marco de la primera edición del Festival Dart, que proyectará 10 documentales sobre Arte Contemporáneo, entre los cuáles se encuentra Leonora: The Lost Surrealist.

c5e5fafa-54ab-4ad1-8afa-182dc80c9f35

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s